domingo, 7 de agosto de 2011

La ingratitud del deporte...

   Hace dos años tuve la ocasión de meterme en una movida un poco rara, algunos llegaron a decir que era de locos. Es posible, de hecho, ahora, con el tiempo lo confirmo, es de locos. 
   Pero que sería de la vida si no tuviesemos la oportunidad de hacer locuras... La mía se llama Mongol Derby, es una carrera de caballos que se realiza en Mongolia, además, es de carácter humanitario, no solo no ganas nada, sino que encima te cuesta dinero. 
   Pero mi locura va un poco mas allá, llegué hasta Mongolia en coche, participando en otra carrera benéfica, organizada por la misma gente, por los Adventurist. Después de 32 días de viaje, desde Barcelona hasta Karkhorin, muy cansado y sin tener la oportunidad de descansar, me dieron la salida al Mongol Derby. 
   El principio y por eso lo del deporte fue muy duro. Cabalgar durante 10 hrs diarias cuando uno ya no tiene costumbre no es que sea duro, es que es duro de cojones. En muchas ocasiones pensé en llamar a la organización para retirarme... pero si duro es el entrenamiento, mas duro es el espíritu de superación. Durante mas de dos meses fue ese mi entrenamiento, con los caballos y en las cuadras de una de las personas que mas saben de caballos y de carreras en este país, Juan Carlos Ruiz de Villa, sito en Santander. 
   Hay que decir que al principio me llamó loco (como otros tantos) pero después fue creyendo en mi y eso se lo debo agradecer eternamente. 
   El día de la salida, y después de las bendiciones budistas, me puse delante de mi caballo y le pedí que todo fuese bien... y con este primero, al que yo bauticé como "Ximbomba" fue todo bien. Es increíble ese país, cabalgué todo el rato en solitario, disfrutando en todo momento de la soledad, del silencio y del ruido de mis pensamientos. Que sensación mas increíble. 
   Lo malo, fue en el último relevo que realicé, unos 20 kms después del cambio de caballo, y después de tirarme otras dos veces... ese caballo (mas tarde bautizado como "caballocabrón") me tiró al suelo, en mitad del desierto, de la nada... haciendome un daño terrible en las costillas y en los riñones, casi sin poder moverme empecé a caminar, después de unas 5 hrs, sin agua (la llevaba en las alforjas porque fue el motivo de la primera caída) me recogió un niño que unos kilómetros antes había cabalgado conmigo. 
   Lo peor de la caída es cuando sabes que no puedes continuar, cuando has hecho todo el esfuerzo posible, después de todo el entrenamiento y de conducir durante 32 días... te das cuenta de que no puedes continuar, que te duele... un dolor que se quitará con el tiempo, pero que a la vez ha salido un dolor mas profundo, un dolor que se clava muy adentro y que con toda seguridad permanecerá allí por todos los tiempos... el dolor de la derrota. 
   Hoy, dos años después, y siguiendo esta edición del Derby por Internet, se me ha despertado ese dolor, pero se ha transformado un poco en esperanza, esperanza de volver y terminar lo que un 21 de Agosto de 2009 empecé. 
   Hoy tengo un obsesión y es atravesar esa línea de meta, la meta de la carrera mas larga y dura del mundo, la meta de la Mongol Derby.